Los Ministerios Ordenados

«Para apacentar al Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios, ordenados dirigidos al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, lleguen a la salvación».El sacramento del orden «configura con Cristo mediante una gracia especial del Espíritu Santo a fin de servir de instrumento a Cristo en favor de su Iglesia. Por la ordenación recibe la capacidad de actuar como representante de Cristo, Cabeza de la Iglesia, en su triple función de sacerdote, profeta y rey». Gracias al sacramento del orden la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles continúa llevándose a cabo en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: éste es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. El sacramento del ministerio apostólico comporta tres grados. De hecho «el ministerio eclesiástico de institución divina es ejercido en diversas categorías por aquellos que ya desde antiguo se llaman obispos, presbíteros, diáconos».

 

El Orden del Diácono

 En el grado inicial de la sagrada jerarquía están, por tanto, los diáconos, cuyo ministerio ha sido siempre tenido en gran honor en le Iglesia. La literatura patrística atestigua desde el principio esta estructura jerárquica y ministerial de la Iglesia, que comprende el diaconado. El Concilio Vaticano II determinó que « se podrá restablecer el diaconado en adelante como grado propio y permanente de la Jerarquía... (y) podrá ser conferido a los varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato», según la constante tradición. Las razones que han determinado esta elección fueron sustancialmente tres: a) el deseo de enriquecer a la Iglesia con las funciones del ministerio diaconal que de otro modo, en muchas regiones, difícilmente hubieran podido ser llevadas a cabo; b) la intención de reforzar con la gracia de la ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de hecho funciones diaconales; c) la preocupación de aportar ministros sagrados a aquellas regiones que sufrían la escasez de clero.

Los sacerdotes son primero ordenados diáconos. Son, por un tiempo, diáconos transitorios (en tránsito hacia el sacerdocio), para distinguirlos de los diáconos permanentes. El diaconado es para siempre.  Pablo VI estableció las reglas generales para la restauración del diaconado permanente en la Iglesia latina., y, finalmente, con la carta apostólica «Ad pascendum» precisó las condiciones para la admisión y la ordenación de los candidatos al diaconado.Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato "por el Reino de los cielos" (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus "cosas" (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf PO 16).

Los diaconado sean fortalecidos por la imposición de las manos transmitida desde los Apóstoles, y sean más estrechamente unidos al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado».

 Tríada del Ministerio del Diaconado

El ministerio del diaconado viene sintetizado por el Concilio Vaticano II con la tríada: «ministerio (diaconía) de la liturgia, de la palabra y de la caridad».De este modo se expresa la participación diaconal en el único y triple munus de Cristo en el ministro ordenado.

El diácono es

  • maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios;
  • “santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, el Matrimonio, de la Eucaristía y los sacramentales, participa en la celebración de la Santa Misa en calidad de «ministro de la sangre», conserva y distribuye la Eucaristía;
  • guía, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial».

De este modo, el diácono asiste y sirve a los obispos y a los presbíteros, quienes presiden los actos litúrgicos, vigilan la doctrina y guían al Pueblo de Dios.

 

 Espiritualidad del Diácono

El diácono, miembro y ministro de la Iglesia, debe tener presente, en su vida y en su ministerio, esta realidad; debe conocer la cultura, las aspiraciones y los problemas de su tiempo. De hecho, él está llamado en este contexto a ser signo vivo de Cristo Siervo y al mismo tiempo está llamado a asumir la tarea de la Iglesia de «escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas».

El sacramento del Orden confiere a los diáconos «una nueva consagración a Dios», mediante la cual han sido «consagrados por la unción del Espíritu Santo y enviados por Cristo» al servicio del Pueblo de Dios, «para edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4, 12). El diácono está llamado a vivir santamente, porque el Espíritu Santo lo ha hecho santo con el sacramento del Bautismo y del Orden y lo ha constituido ministro de la obra con la cual la Iglesia de Cristo, sirve y santifica al hombre.

El Orden sagrado confiere al diácono, mediante los dones específicos sacramentales, una especial participación a la consagración y a la misión de Aquel, que se ha hecho siervo del Padre en la redención del hombre y lo mete, en modo nuevo y específico, en el misterio de Cristo, de la Iglesia y de la salvación de todos los hombres. Por este motivo, la vida espiritual del diácono debe profundizar y desarrollar esta triple relación, en la línea de una espiritualidad comunitaria que tienda a testimoniar la naturaleza comunional de la Iglesia.

con Cristo que ha asumido la condición de siervo por amor al Padre y a sus hermanos, los hombres.

con la Iglesia, que Cristo ama, purifica, nutre y cuida. El diácono no podría vivir fielmente su configuración con Cristo, sin participar de su amor por la Iglesia, «hacia la que no puede menos de alimentar una profunda adhesión, por su misión y su institución divina».

con el obispo: solamente el obispo impone las manos al elegido, invocando sobre él la efusión del Espíritu Santo, por eso, todo diácono encuentra la referencia del propio ministerio en la comunión jerárquica con el obispo.

Todo diácono mirará a María con veneración y afecto; en efecto, «la Virgen Madre ha sido la criatura que más ha vivido la plena verdad de la vocación porque nadie como Ella ha respondido con un amor tan grande al amor inmenso de Dios».

 Funciones propias del Diácono

a) Diaconía de la Palabra

Del mismo modo que los sacerdotes, los diáconos se dedican a todos los hombres, sea a través de su buena conducta, sea con la predicación abierta del misterio de Cristo, sea en el transmitir las enseñanzas cristianas o al estudiar los problemas de su tiempo. Función principal del diácono es, por lo tanto, colaborar con el obispo y con los presbíteros en el ejercicio del ministerio,

1.- Enseñanzas, VII, 2 [1984], 436)] no de la propia sabiduría, sino de la Palabra de Dios, invitando a todos a la conversión y a la santidad. (Para cumplir esta misión los diáconos están obligados a prepararse, ante todo, con el estudio cuidadoso de la Sagrada Escritura, de la Tradición, de la liturgia y de la vida de la Iglesia. Están obligados, además, en la interpretación y aplicación del sagrado depósito, a dejarse guiar dócilmente por el Magisterio de aquellos que son «testigos de la verdad divina y católica»:el Romano Pontífice y los obispos en comunión con él,de modo que propongan «integral y fielmente el misterio de Cristo»)

2.- Proclamar el evangelio y predicar la palabra de Dios. (Los diáconos gozan de la facultad de predicar en cualquier parte, según las condiciones previstas por el Código.)

3.- Cuando presidan una celebración litúrgica o cuando según las normas vigentes, sean los encargados de ellas, los diáconos den gran importancia a la homilía en cuanto «anuncio de las maravillas hechas por Dios en el misterio de Cristo, presente y operante sobretodo en las celebraciones litúrgicas». Sepan, por tanto, prepararla con especial cuidado en la oración, en el estudio de los textos sagrados, en la plena sintonía con el Magisterio y en la reflexión sobre las expectativas de los destinatarios.

4.- Concedan, también, solícita atención a la catequesis de los fieles en las diversas etapas de la existencia cristiana, de forma que les ayuden a conocer la fe en Cristo, a reforzarla con la recepción de los sacramentos y a expresarla en su vida personal, familiar, profesional y social.

5.- Someter al juicio del ordinario, antes de la publicación, los escritos concernientes a la fe y a las costumbres y que es necesario el permiso del ordinario del lugar para escribir en publicaciones o participar en transmisiones y entretenimientos que suelan atacar la religión católica o las buenas costumbres.

6.- Los diáconos recuerden que la Iglesia es por su misma naturaleza misionera, de esta Iglesia los diáconos son ministros y, por lo mismo, aunque incardinados en una Iglesia particular, no pueden sustraerse del deber misionero de la Iglesia universal y deben, por lo tanto, permanecer siempre abiertos, en la forma y en la medida que permiten sus obligaciones familiares -si están casados- y profesionales, también a la missio ad gentes.

b) Diaconía de la liturgia

El ministerio litúrgico del diácono se diferencia también del mismo ministerio ordenado sacerdotal.

Se sigue que en el ofrecimiento del Sacrificio eucarístico, el diácono no está en condiciones de realizar el misterio sino que, por una parte representa efectivamente al Pueblo fiel, le ayuda en modo específico a unir la oblación de su vida a la oferta de Cristo; y por otro sirve, en nombre de Cristo mismo, a hacer partícipe a la Iglesia de los frutos de su sacrificio.

La liturgia es fuente de gracia y de santificación, por tanto, no se reducen a acciones privadas o sociales que cada uno puede celebrar a su modo sino que pertenecen al Cuerpo universal de la Iglesia.

1.- El diácono, con el obispo y el presbítero, es ministro ordinario del bautismo.

2.- En la celebración de la Eucaristía, el diácono asiste y ayuda a aquellos que presiden la asamblea y consagran el Cuerpo y la Sangre del Señor, es decir, al obispo y los presbíteros manifestando así a Cristo Servidor:

3.- En el altar desarrolla el servicio del cáliz y del libro; propone a los fieles las intenciones de la oración y los invita a darse el signo de la paz; en ausencia de otros ministros, el mismo cumple, según las necesidades, los oficios.

4.- No es tarea suya pronunciar las palabras de la plegaria eucarística y las oraciones; ni cumplir las acciones y los gestos que únicamente competen a quien preside y consagra.

5.- Es propio del diácono proclamar la divina Escritura.

6.- En cuanto ministro ordinario de la sagrada comunión, la distribuye durante la celebración, o fuera de ella, y la lleva a los enfermos también en forma de viático.

7.- El diácono es así mismo ministro ordinario de la exposición del Santísimo Sacramento y de la bendición eucarística.

8.- Le corresponde presidir eventuales celebraciones dominicales en ausencia del presbítero.

9.- Se les puede confiar la atención de la pastoral familiar, de la cual el primer responsable es el obispo.

10.- Si recibe la facultad de parte del párroco o del Ordinario del lugar, presidir la celebración del matrimonio e impartir la bendición nupcial en nombre de la Iglesia.

11.- El cuidado pastoral de los enfermos puede ser confiado a los diáconos. No así la administración del sacramento de la unción de los enfermos que está reservado al obispo y a los presbíteros .

12.- Tienen la obligación establecida por la Iglesia de celebrar la Liturgia de las Horas, con la cual todo el Cuerpo Místico se une a la oración que Cristo Cabeza eleva al Padre.

13.- Puede impartir las bendiciones más estrictamente ligadas a la vida eclesial y sacramental, que le han sido consentidas expresamente por el derecho,

14.- Le corresponde presidir las exequias celebradas sin la S. Misa y el rito de la sepultura., sin embargo, cuando esté presente y disponible un sacerdote, se le debe confiar a él la tarea de presidir la celebración.

c) Diaconía de la caridad

La función caritativa de los diáconos «comporta también un oportuno servicio en la administración de los bienes y en las obras de caridad de la Iglesia. Los diáconos tienen en este campo la función de «ejercer en nombre de la jerarquía, los deberes de la caridad y de la administración, así como las obras de servicio social». Por eso, oportunamente ellos pueden ser elevados al oficio de ecónomo diocesano, o ser tenidos en cuenta en el consejo diocesano para los asuntos económicos.

 

 

Oración del candidato al Diaconado

Oración a la Santísima Virgen

MARÍA, Maestra de fe, que con tu obediencia a la Palabra de Dios, has colaborado de modo eximio en la obra de la Redención, haz fructuoso el ministerio de los diáconos, enseñándoles a escuchar y anunciar con fe la Palabra.

MARÍA, Maestra de caridad, que con tu plena disponibilidad al llamado de Dios, has cooperado al nacimiento de los fieles en la Iglesia, haz fecundo el ministerio y la vida de los diáconos, enseñándoles a donarse en el servicio del Pueblo de Dios.

MARÍA, Maestra de oración, que con tu materna intercesión, has sostenido y ayudado a la Iglesia naciente, haz que los diáconos estén siempre atentos a las necesidades de los fieles, enseñándoles a descubrir el valor de la oración.

MARÍA, Maestra de humildad, que por tu profunda conciencia de ser la Sierva del Señor has sido llena del Espíritu Santo, haz que los diáconos sean dóciles instrumentos de la redención de Cristo, enseñándoles la grandeza de hacerse pequeños.

MARÍA,

Maestra del servicio oculto, que con tu vida normal y ordinaria llena de amor, has sabido secundar en manera ejemplar el plan salvífico de Dios, haz que los diáconos sean siervos buenos y fieles, enseñándoles la alegría de servir en la Iglesia con ardiente amor. Amén.

Diáconos incardinados en nuestra Parroquia
Diáconos incardinados en nuestra Parroquia

 

Diácono Permanente Oscar Adolfo Vallejos

 Fecha de Ordenación: 28 de Marzo de 2004

 Incardinado en la Parroquia Nuestra Señora de Pompeya

Datos Personales y Familiares

DNI

12.868.995

Casado con

Doña Laura Isabel Romero (44)

Edad

49 años

Fecha Nacimiento

28 de Enero de 1959

Hijos

Mauricio (23); Laura Ines (21); Oscar (20); Luciano (18); Luisina (14) y Enzo(8).

Profesión

Mgter. en Informática y Computación / Lic.en Sistemas

Actividad laboral

Docente Universitario / Empleado Publico

Domicilio

Junin 2335

Teléfonos

03783-426829 / 156798884

e-mail

ovallejos@invico.gov.ar; oval_lejos@hotmail.com;

ovallejos@exa.unne.edu.ar

Actividad Pastoral

Colaborador en la Animación de la Comunidad de la Capilla “Sagrado Corazón de Jesús”

Colaborador en la Coordinación del Instituto ArquidiocesanoCardenal Pironio

Secretario del Cuerpo Diaconal de la Arquidiócesis de Corrientes

Movimientos y/o Grupos

Junto a mi Sra. (Doña Laura), integramos el Movimiento Familiar Cristiano (MFC). En el grupo que funciona en la Parroquia Sagrado Corazón.

 

Eduardo Caballero 

 Diácono Permanente Eduardo Ramón Caballero.

 Ordenado por: Monseñor Domingo Salvado Castagna.

 Lugar: Iglesia Catedral.

 Fecha de Ordenación: 01 de Diciembre de 2005.

 Incardinado en la Parroquia Nuestra Señora de Pompeya.

Datos Personales y Familiares

DNI

8.219.931

Casado con

Doña Eulogia Argüello (57)

Edad

58 años

Fecha Nacimiento

29 de Junio de 1950

Hijos

Gabriel Eduardo (29); Cristina del Rosario (24).

Actividad laboral

Empleado bancario.

Domicilio

Bº Pujol Mz. 18 Casa 8

Teléfonos

03783-429173 / 15652574

e-mail

ercaballero2004@yahoo.com.ar

Lugar de Formación

Instituto Monseñor Vicentín; Escuela de Ministerios Virgen de Itati.

Actividad Pastoral

Colaborador en la animación de la comunidad de la Capillas San Martín de Porres

Colaborador en el dictado de la materia Liturgia en el Instituto Arquidiocesano Cardenal Pironio.

 

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